“Si me hubiese parado a pensarlo, hubiera comprendido que mi devoción por Clara no era más que una fuente de sufrimiento. Quizá por eso la adoraba más, por esa estupidez eterna de perseguir a los que nos hacen daño”.
La sombra del viento
Como soy una manazas, fuchicando en el blog borré esta entrada que recogía una de esas maravillosas reflexiones que me deparó la lectura de “La sombra del viento”, y como no me gustaría que se perdiera, aquí la plasmo de nuevo. Pero desde ese 10 de agosto (fecha original del post) hasta hoy, algo ha cambiado.
Ahora sé que no voy a dejarte ir. No lo haré porque eres parte de mi; de mis días y mis noches; de mis recuerdos, de mi presente, de mis esperanzas… Y si en algún momento el dolor acecha, pensaré que ha valido la pena porque seré un poquito más rica. Tendré por tesoros tus risas, tus palabras (muchas y muy seguidas cuando estás nervioso), aquellos abrazos que despertaban curiosidad en los que nos veían, las llamadas de teléfono cuando empezaste a irte lejos…
A mi vida han vuelto los nervios y la euforia antes de una “cita”; las miradas embelesadas a una foto; esos sueños donde tú y yo dormimos abrazados o vemos una peli en el sofá acurrucados bajo la manta; los besos que nunca nos dimos… También han vuelto la angustia, el miedo, la incertidumbre… Pero la suma de todo me recuerda que aún estoy viva, que puedo sentir cosas, que aún quedan muchas lágrimas que derrramar pero también muchas risas que compartir.
Por eso no te dejaré ir. No lo haré porque tú me das vida.
1 comentario
Septiembre 1, 2008 a las 2:17 pm
que bonito Pau!!
me encanta el final…
que tal va todo? chapando mucho?
ánimo y suerte!!
bicoss